¿Será que se siente mejor hablar de las penas, de lo que pesa y se debe resolver?, ¿será más material de conversación para una tarde que llueve mucho y uno se refugia en un café? La verdad no me parece, pero siempre existe la posibilidad de haberse acostumbrado a la dinámica y de ahí todo suena igual.
Ya van muchos días que lo he estado pensando y me cuesta menos decirlo: estoy completa, llenísima de lo más bello y se me escapa en sonrisas. No digo que a veces no aparezcan detallitos, pero tienen la amabilidad de no asustar más de la cuenta y desaparecer rápidamente.
Tal vez vivir así cansa: tantas cosas, emociones, lágrimas de felicidad de vez en cuando, tanto por aprender y por hacer; y estoy cansada pero de alguna forma todo cae en su lugar y al final del día el cansancio resulta satisfactorio. Al final del día encuentro menos quejas que en cualquier otro momento pasado.

Mis días los llenan muchos planes, palabras escritas y de vez en cuando dichas, imágenes hermosas que se me dibujan en la cabeza buscando espacio para salir en algún proyecto. De pronto me veo en una realidad que había planeado y nunca había hecho mucho para traerla a la realidad... me sorprende lo cerca que estaba de mis manos.
Mis días se llenan de miradas hermosas y de unas manos morenas que se enredan en mi pelo. Detalles que llevan ya casi un año de ser parte de mis días y de hacerme crecer con todas las cosas vividas. Y también me cuesta menos afirmarle que me llena de la felicidad más nueva que he sentido; que poco a poco (como realmente tiene que ser) todo lo vamos a acomodando y que empiezan a pintarse formas hermosas de todos los colores.
La cara nueva del blog era un paso, lo refleja casi todo y faltaban las palabras... pero ya están aquí.
La foto es de acá